miércoles, 9 de noviembre de 2011
LA BOMBA DE AGUA
Cuentan que un hombre estaba perdido en el desierto, a punto de morir de sed.
Él llegó a una casita vieja -una cabaña que se desmoronaba- sin ventanas, sin techo, golpeada por el tiempo.
El hombre deambuló por allí y encontró una pequeña sombra donde se acomodó, huyendo del calor del sol desértico.
Mirando alrededor, vio una bomba a algunos metros de distancia, muy vieja y oxidada.
Se arrastró hasta allí, agarró la manija, y empezó a bombear sin parar.
Nada ocurrió. Desanimado, cayó postrado hacia atrás y notó que al lado de la bomba había una botella. La miró, la limpió, removiendo la suciedad y el polvo, y leyó el siguiente mensaje:
Primero necesitas preparar la bomba con toda el agua de esta botella, mi amigo
PD.: Haz el favor de llenar la botella otra vez antes de partir.
El hombre arrancó la rosca de la botella y, de hecho, tenía agua.
¡La botella estaba casi llena de agua! De repente, él se vio en un dilema:
Si bebía el agua podría sobrevivir, pero si volcase el agua en la vieja bomba oxidada, quizá obtuviera agua fresca, bien fría, allí en el fondo del pozo, todo el agua que quisiera y podría llenar la botella para la próxima persona; pero quizá eso no salga bien.
¿Qué debería hacer? ¿Volcar el agua en la vieja bomba y esperar el agua fresca y fría o beber el agua vieja y salvar su vida?
¿Debería perder todo el agua que tenía en la esperanza de aquellas instrucciones poco confiables, escritas no se sabía cuando?
Con temor, el hombre volcó todo el agua en la bomba. Enseguida, agarró la manija y empezó a bombear; y la bomba empezó a chillar. ¡Y nada ocurrió! Y la bomba chilló y chilló.
Entonces surgió un hilito de agua; después un pequeño flujo, ¡y finalmente el agua salió con abundancia! La bomba vieja y oxidada hizo salir mucha, pero mucha agua fresca y cristalina. Él llenó la botella y
bebió de ella hasta hartarse. La llenó otra vez para el próximo que por allí podría pasar, la enroscó y agregó una pequeña nota al billete preso en ella: ¡Créeme, funciona! ¡Necesitas dar todo el agua antes de poder obtenerla otra vez!
Podemos aprender cosas importantes a partir de esa breve historia:
Ningún esfuerzo que hagas será valido, si lo haces de la manera equivocada.
¡Aprende a mirar adelante y comparte! Aquel hombre podría haberse hartado y olvidarse de que otras personas que necesitasen del agua pudiesen pasar por allí. Él no se olvidó de llenar la botella y todavía supo dar una palabra de incentivo. Preocúpate con quien está cercano a ti, recuerda: sólo podrás obtener agua si la das antes. Cultiva tus relaciones, ¡y da siempre lo mejor de ti!
sábado, 29 de octubre de 2011
UN HALLOWEEN DIFERENTE
Hace mucho tiempo, la mayoría de los monstruos eran seres simpáticos y golosos, tontorrones y peludos que vivían felizmente en su monstruoso mundo. Hablaban y jugaban con los niños y les contaban cuentos por las noches. Pero un día, algunos monstruos tuvieron una gran discusión por un caramelo, y uno se enfadó tanto que sus furiosos gritos hubieran asustado a cualquiera. Y entre todos los que quedaron terriblemente asustados, las letras más miedosas, como la L, la T y la D, salieron corriendo de aquel lugar. Como no dejaron de gritar, las demás letras también huyeron de allí, y cada vez se entendían menos las palabras de los monstruos. Finalmente, sólo se quedaron unas pocas letras valientes, como la G y la R , de forma que en el mundo de los monstruos no había forma de encontrar letras para conseguir decir algo distinto de " GRRR!!!", "AAAARG!!!" u "BUUUUH!!!". A partir de aquello, cada vez que iban a visitar a alguno de sus amigos los niños, terminaban asustándoles; y con el tiempo, se extendió la idea de que los monstruos eran seres terribles que sólo pensaban en comernos y asustarnos.
Un día, una niña que paseaba por el mundo de los monstruos buscando su pelota, encontró escondidas bajo unas hojas a todas las letras, que vivían allí dominadas por el miedo. La niña, muy procupada, decidió hacerse cargo de ellas y cuidarlas, y se las llevó a casa. Aquella era una niña especial, pues aún conservaba un amigo monstruo muy listo y simpático, que al ver que nada de lo que decía salía como quería, decidió hacerse pasar por mudo, así que nunca asustó a nadie y hablaba con la niña utilizando gestos. Cuando aquella noche fue a visitar a su amiga y encontró las letras, se alegró tanto que le pidió que se las dejara para poder hablar, y por primera vez la niña oyó la dulce voz del monstruo.
Juntos se propusieron recuperan las voces de los demás monstruos, y uno tras otro los fueron visitando a todos, dejándoles las letras para que pudieran volver a decir cosas agradables. Los monstruos, agradecidos, les entregaban las mejores golosinas que guardaban en sus casas, y así, finalmente, fueron a ver a aquel primer monstruo gruñón que organizó la discusión. Estaba ya muy viejecito, pero al ver las letras, dio un salto tan grande de alegría que casi se le saltan los huesos. Y mirando con ternura las asustadas letras, escogió las justas para decir "perdón". Debía llevar esperando años aquel momento, porque enseguida animó a todos a entrar en su casa, donde todo estaba preparado para grandísima fiesta, llena de monstruos, golosinas y caramelos. Como que las que se hacen en Halloween hoy día; qué coincidencia, ¿verdad
Autor.. Pedro Pablo Sacristán
martes, 13 de septiembre de 2011
EL CÁNTARO AGRIETADO
Una anciana mujer china tenía dos grandes cántaros, cada uno colgaba de un extremo de un palo que transportaba apoyándolo en su cuello.
Uno de los cántaros tenía una grieta mientras que el otro estaba perfecto y siempre llegaba con la porción completa de agua.
Al final de un largo camino desde la fuente hasta la casa, el cántaro agrietado llegaba sólo medio lleno.
Durante dos años enteros esto fue sucediendo cada día, y la mujer llegaba a la casa con sólo un cántaro y medio de agua.
Por supuesto, el cántaro perfecto estaba orgulloso de su logro. Pero el pobre cántaro agrietado se sentía avergonzado de su imperfección y desgraciado por no poder cumplir más que la mitad de la tarea para la que había sido creado.
Después de dos años de lo que parecía un amargo fracaso, un día en la fuente el cántaro le habló a la mujer.
- "Estoy avergonzado de mí mismo porque esta grieta que tengo en un lado hace que el agua se pierda por el camino de vuelta a tu casa."
La anciana sonrió:
- "¿Te has dado cuenta de que hay flores en tu lado del camino, pero no en el lado del otro cántaro?
Eso es porque siempre he sabido tu defecto, así que planté semillas de flores en tu lado del camino y cada día, mientras caminamos de regreso, tú las vas regando.
Durante dos años he podido recoger estas bonitas flores para decorar la mesa.
Si no fueras como eres, no habría esta belleza para adornar la casa."
Uno de los cántaros tenía una grieta mientras que el otro estaba perfecto y siempre llegaba con la porción completa de agua.
Al final de un largo camino desde la fuente hasta la casa, el cántaro agrietado llegaba sólo medio lleno.
Durante dos años enteros esto fue sucediendo cada día, y la mujer llegaba a la casa con sólo un cántaro y medio de agua.
Por supuesto, el cántaro perfecto estaba orgulloso de su logro. Pero el pobre cántaro agrietado se sentía avergonzado de su imperfección y desgraciado por no poder cumplir más que la mitad de la tarea para la que había sido creado.
Después de dos años de lo que parecía un amargo fracaso, un día en la fuente el cántaro le habló a la mujer.
- "Estoy avergonzado de mí mismo porque esta grieta que tengo en un lado hace que el agua se pierda por el camino de vuelta a tu casa."
La anciana sonrió:
- "¿Te has dado cuenta de que hay flores en tu lado del camino, pero no en el lado del otro cántaro?
Eso es porque siempre he sabido tu defecto, así que planté semillas de flores en tu lado del camino y cada día, mientras caminamos de regreso, tú las vas regando.
Durante dos años he podido recoger estas bonitas flores para decorar la mesa.
Si no fueras como eres, no habría esta belleza para adornar la casa."
sábado, 3 de septiembre de 2011
EL NIÑO Y EL CACHORRO...
El dueño de una tienda de animales estaba colocando un anuncio en la puerta que decía: "Cachorritos en venta". Esa clase de anuncios siempre atraen a los niños, que suelen estar locos por tener un perrito pequeño en casa. No había acabado de poner el cartel en la puerta de la tienda cuando apareció un niñito preguntando... - ¿Cuál es el precio de los perritos?"- preguntó el niño. El dueño contestó: - Entre 30 y 50 Euros. El niñito metió la mano en su bolsillo y saco unas monedas: - Solo tengo 2 euros y medio, ¿puedo ver los cachorros?..... |
|---|
| |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|
miércoles, 27 de julio de 2011
ABUELOS...
"Una tarde de primavera estaba el abuelo trabajando en la huerta cuando vio llegar un coche que anunciaba:
¡Esta noche habrá fiesta en la plaza del pueblo!.¡Venid todos a bailar con los mejores músicos del país!.
- ¿Has oído, Manuela?. ¡Esta noche tenemos baile!.
- Sí, Manuel; pero yo no voy. Ya no soy una niña para andar de fiesta en fiesta.
El abuelo no dijo nada. Miró al sol, que estaba a punto de esconderse en el horizonte, y se agachó a por una margarita que crecía entre la hierba.
Después se fue a donde estaba la abuela, le dio la flor y dijo:
- Pero tú eres muy bonita, Manuela. ¡Eres tan bonita como el sol!
La abuela sonrió y fue a mirarse al espejo.
- Eso no es verdad. Yo soy fea como una gallina sin plumas –dijo ella, prendiéndose la margarita en el pelo.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres bonita como el sol.
¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!.
La abuela fue al baño y, de una bolsa, sacó un lápiz.
- ¿Qué vas a hacer con ese lápiz? –preguntó el abuelo.
- Voy a pintarme los ojos, que los tengo tristes como una noche sin luna.
- ¡No digas eso, mujer!. Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche.
¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!.
La abuela sonrió y sacó un pincel.
- ¿Qué vas a hacer con ese pincel?
- Voy a pintarme las pestañas, que las tengo cortas como las patas de una mosca.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche y tus pestañas cortas como hierba recién segada.
- ¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!.
La abuela volvió a sonreír y, de la estantería, sacó un bote.
- ¿Qué vas a hacer con ese bote?.
- Voy a ponerme crema en la piel, que la tengo arrugada como un higo seco.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche, tus pestañas cortas como hierba recién segada y tu piel arrugada como las nueces de una tarta.
- ¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!.
La abuela volvió a sonreír, dejó el bote y sacó una barra de labios.
- ¿Qué vas a hacer con esa barra?
- Voy a dar brillo a mis labios, que los tengo secos como la tierra de los caminos.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche, tus pestañas cortas como hierba recién segada, tu piel arrugada como las nueces de una tarta y tus labios secos como la arena del desierto.
- ¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!
La abuela sonrió, fue a la mesilla de noche y sacó un frasco del cajón.
- ¿Qué vas a hacer con ese frasco?
—Voy a teñirme el pelo, que lo tengo gris como una nube de otoño.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche, tus pestañas cortas como hierba recién segada, tu piel arrugada como las nueces de una tarta, tus labios secos como la arena del desierto y tu pelo blanco como una nube de verano.
- ¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!
La abuela sonrió, fue al armario y sacó una falda.
- ¿Qué vas a hacer con esa falda?.
- Voy a esconder estas piernas, que las tengo flaquitas como agujas de calcetar.
- ¡No digas eso, mujer! Tú eres tan bonita como el sol, con tus ojos tristes como las estrellas de la noche, tus pestañas cortas como hierba recién segada, tu piel arrugada como las nueces de una tarta, tus labios secos como la arena del desierto, tu pelo blanco como una nube de verano y tus piernas flaquitas como las de una golondrina.
- ¡Y haz el favor de apurar, que tenemos que ir a bailar!
La abuela colgó la falda, se fue a lavar la cara y sonrió delante del espejo. Después se agarró del brazo del abuelo y los dos se fueron hacia el baile.
Cuando llegaron, los músicos ya estaban tocando en el palco y todo el mundo estaba bailando. El abuelo tomó a la abuela por la cintura y se pusieron a bailar.
Después, miró profundamente a los ojos de la abuela y le dijo:
- Manuela, tienes los ojos tristes y hermosos como las estrellas de la noche.
Entonces, la abuela miró dentro en los ojos del abuelo, y vio que también él tenía… los ojos tristes como las estrellas de la noche y las pestañas cortas como hierba recién segada y la piel arrugada como las nueces de una tarta y los labios secos como la arena del desierto y el pelo blanco como una nube de verano y las piernas flaquitas como las de una golondrina.
La abuela se agachó a por una margarita, la prendió en el chaleco del abuelo y se acucurró en su pecho.
Después miró al cielo, volvió a mirar a los ojos del abuelo y, sin dejar de bailar, le dijo:
- ¡Manuel, eres tan bonito como la luna!."
Abuelos. Proyecto "Cuentos para Crecer". Ed. Kalandraka. Pontevedra. 2009)
lunes, 18 de julio de 2011
LECCIÓN DE VIDA...LAS CUATRO ESTACIONES
Había un hombre que tenía cuatro hijos. El buscaba que ellos aprendieran a no juzgar las cosas tan rápidamente; entonces el envió a cada uno por turnos a ver un árbol de peras que estaba a una gran distancia.
El primer hijo fué en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño.
Cuando todos ellos habían ido y regresado, él los llamo y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, él dijo que estaba cargado de flores, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.
El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Cuando todos ellos habían ido y regresado, él los llamo y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.
El primer hijo mencionó que el árbol era horrible, doblado y retorcido.
El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.
El tercer hijo no estuvo de acuerdo, él dijo que estaba cargado de flores, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso, era la cosa más llena de gracia que jamás había visto.
El último de los hijos no estuvo de acuerdo con ninguno de ellos, el dijo que estaba maduro y marchitándose de tanto fruto, lleno de vida y satisfacción.
Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, por que ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol.
El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.
El les dijo a todos que no deben de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son, el placer, regocijo y amor que viene con la vida puede ser solo medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.
Si tú te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño.
No dejes que el dolor de alguna estación destruya la dicha del resto. No juzgues la vida por una sola estación difícil.
Persevera a través de las dificultades y malas rachas. mejores tiempos seguramente vienen por delante.
Persevera a través de las dificultades y malas rachas. mejores tiempos seguramente vienen por delante.
Etiquetas:
Las Cuatro Estaciones,
Lección de vida
viernes, 8 de julio de 2011
LA NUBE Y LA DUNA
Una joven nube nació en medio de una gran tempestad en el mar Mediterráneo. Pero casi no tuvo tiempo de crecer allí, pues un fuerte viento empujó a todas las nubes en dirección a África.
Entretanto la nuestra decidió desgarrarse de sus padres y de sus más viejos amigos para conocer el mundo.
-¿Qué estás haciendo? -protestó el viento-¡El desierto es todo igual! ¡Regresa a la formación y vámonos hasta el centro de África, donde existen montañas y árboles deslumbrantes!
Pero la joven nube, rebelde por Naturaleza, no obedeció. Poco a poco fue bajando de altitud hasta conseguir planear en una brisa suave, generosa, cerca delas arenas doradas. Después de pasear mucho, se dió cuenta de que una de las dunas le estaba sonriendo.
Vió que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Y al momento se enamoró de su cabellera dorada.
-Buenos días -dijo-. ¿Cómo se vive allá abajo?
-Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo se vive allí arriba?
-También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.
-Para mí la vida es corta -dijo la duna-. Cuando el viento vuelva de las selvas, desapareceré.
-¿Y esto te entristece?
-Me da la impresión de que no sirvo para nada.
-Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, este es mi destino.
La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:
-¿Sabes que aquí en el desierto decimos que la lluvia es el Paraíso?
-No sabía que podía transformarme en algo tan importante -dijo la nube, orgullosa.
-Ya escuché varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierbas y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy dificil que llueva.
Ahora fue la nube la que vaciló. Pero enseguida volvió a abrir su amplia sonrisa:
-Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de ti y me gustaría quedarme aquí para siempre.
-Cuando te ví por primera vez en el cielo también me enamoré -dijo la duna-. Pero si tú transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.
-El amor nunca muere -dijo la nube-. Se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.
Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas.
Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arco iris.
Al día siguiente, la pequeña duna estaba cubierta de flores. Otras nubes que pasaban en dirección a África pensaban que allí estaba la parte del bosque que estaban buscando y soltaban más lluvia. Veinte años después, la duna se había transformado en un oasis, que refrescaba a los viajeros con la sombra de sus árboles.Vió que ella también era joven, recién formada por el viento que acababa de pasar. Y al momento se enamoró de su cabellera dorada.
-Buenos días -dijo-. ¿Cómo se vive allá abajo?
-Tengo la compañía de las otras dunas, del sol, del viento y de las caravanas que de vez en cuando pasan por aquí. A veces hace mucho calor, pero se puede aguantar. ¿Y cómo se vive allí arriba?
-También existen el viento y el sol, pero la ventaja es que puedo pasear por el cielo y conocer muchas cosas.
-Para mí la vida es corta -dijo la duna-. Cuando el viento vuelva de las selvas, desapareceré.
-¿Y esto te entristece?
-Me da la impresión de que no sirvo para nada.
-Yo también siento lo mismo. En cuanto pase un viento nuevo, iré hacia el sur y me transformaré en lluvia. Mientras tanto, este es mi destino.
La duna vaciló un poco, pero terminó diciendo:
-¿Sabes que aquí en el desierto decimos que la lluvia es el Paraíso?
-No sabía que podía transformarme en algo tan importante -dijo la nube, orgullosa.
-Ya escuché varias leyendas contadas por viejas dunas. Ellas dicen que, después de la lluvia, quedamos cubiertas por hierbas y flores. Pero yo nunca sabré lo que es eso, porque en el desierto es muy dificil que llueva.
Ahora fue la nube la que vaciló. Pero enseguida volvió a abrir su amplia sonrisa:
-Si quieres, puedo cubrirte de lluvia. Aunque acabo de llegar, me he enamorado de ti y me gustaría quedarme aquí para siempre.
-Cuando te ví por primera vez en el cielo también me enamoré -dijo la duna-. Pero si tú transformas tu linda cabellera blanca en lluvia, terminarás muriendo.
-El amor nunca muere -dijo la nube-. Se transforma. Y yo quiero mostrarte el Paraíso.
Y comenzó a acariciar a la duna con pequeñas gotas.
Así permanecieron juntas mucho tiempo hasta que apareció un arco iris.
Todo porque, un día, una nube enamorada no había tenido miedo de dar su vida por amor.Paulo Coelho
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

